martes

'Alguien estaba lejos, no sé si el toro o el torero...'

-No sé quién está más lejos, si el toro o el torero. Dices mientras ves, aún incrédula las fotos. Después de un rato quedas consternada aunque sonriente. ¿Por qué sonríes?, te digo y contestas satisfecha -Ya se dieron cuenta... esos Queretanos incendiarios han armado la bronca y como río vino a inundar también esta plaza. ¡Vaya cosa, así que ya no cambian espejitos por oro! Sales de la habitación y te fumas el último de mis cigarros. El torero de purísima y oro es aplastado por la bronca del tendido, sale furioso y tú sólo sonríes, ahí en ese balcón de noches tristes desde donde amenazas con tirarte si me voy. 

Ayer viví una reconciliación taurina. La más emocionante y soleada de todas, con Mariana fui a la Vicente Segura. Cruzamos, por el Arco Norte, los cerros que separan a Puebla de Pachuca... había neblina a ratos y nos pareció muy extraño. Llegamos tan temprano a la plaza que no tuvimos que pagar estacionamiento, imagínense. Nos recibieron muy aunque fuimos víctimas de nuestra condición femenina. No tuvimos pase al callejón por falta de barba y carencia de otros atributos de la virilidad más básica. Ni hablar, al menos no fueron groseros: 'la Comisión Taurina es la que nos impide dar pases a mujeres, es difícil, tampoco los toreros gustan de eso'. No hicimos berrinche ni mucho menos, sólo nos dispusimos a buscar un buen lugar en sol que nos mantuviera lejos de la petulancia de algunos 'taurinos' de tendido que sin educación hacían alarde de supuestos conocimientos taurinos para molestar al que se les acercara. 

Sí, es cierto durante el sorteo hubo bronca, no se llegó a los golpes pero lucían muy inquietos aquellos señores. No nos enteramos muy bien, sólo alcanzamos a escuchar comentarios aislados que indicaban mucho roce. Luego un sorteo también un poco extraño pues nunca vimos un sombrero. Ni hablar... al final rumores hubo muchos. 

La reconciliación comenzó cuando luego del primer toro nos cambiamos de lugar... nos fuimos felizmente a sol y así nos olvidamos del falso 'glamour'. La gente del tendido comenzó a protestar. Algunos toros lucieron una cara pequeña, desproporcionada y el Chiva se mostró molesto. ¿En serio? Dije, dijeron, pitaron. El jovencito del cartel, Juan, se vio con intenciones de ser torero, le falta tal vez un poco de personalidad, más arte, que el duende baje, ¡qué se yo!, ¡bájate tú! me gritarán algunos. En el cuarto de la tarde aquel hombre, aquel Eulalio, con siete kilos menos, salió con una delgadez que le devolvía cierto entusiasmo, cierta juventud que se reflejó en su toreo. Un toreo más sincero, menos arrebatado (aunque hubo un desplante que nadie aplaudió). El juez entregó dos orejas y vimos cómo las fue paseando mientras nos presumía su nuevo cuerpo. 

Vendría el quinto toro, el quinto de mayor caja al que el valenciano no entendió o estaba tan presionado por el abucheo que bajaba como una plaga desde sol, que era incapaz de concentrarse por completo. Una lidia, llamémosla de 'aliño' despidió a 'Perla Negra'... y se fue al callejón pataleando, el español. Para cerrar el día ya con una luz más dada por la sombra de la propia plaza el chaval triunfó, un estoconazo hizo rodar de inmediato al sexto de la tarde. La gente estaba emocionada y el juez valiente y tal vez ingenuo le dio dos orejas. Considero una como mejor premio pues el toro no tuvo condiciones. 

El tamaño de los toros fue 'mediano' en general, la corrida dispareja completamente y las señas de edad sospechosas como siempre. Ni modo así es esto del toro. Y ya, pasemos al asunto que causa morbo: la salida de Ponce con bronca en La Vicente Segura. Y es que ni el empresario quedó tan mal, el de Chiva en cambio salió sin cojinazos, porque no era La México pero de serlo, habríamos tenido una escena digna de 'El Ave de las Tempestades'. ¡Vaya!, pero es que ni la 'Poncina' pudo ejecutar completa. A la salida la cuadrilla del maestro no nos permitió ni tomarle fotos, vaya salieron casi corriendo, empujando sin más a todos, ahí sí todos éramos igualitos, porque no hubo distinción entre hombres y mujeres como en el callejón. Yo me llevé un par de empujones, el primero porque mientras el matador, sin orejas atravesaba la plaza, filmé la rechifla y el segundo por darle alcance y tratar de tomarle una foto de cerca ya en el patio de cuadrillas. 

Aquí les dejo la evidencia gráfica de lo que seguramente fue el motivo de tan escandalosa huida.